Este vino es el pilar sobre el que se asienta el sueño de los hermanos González Sabucedo. Un monovarietal que nace de los mejores suelos de granito a orillas del Miño. Aquí no hay mezclas que valgan; es la uva Treixadura desnudándose para enseñarte de qué es capaz el Ribeiro cuando se trata con respeto.
Se elabora con una selección manual de racimos y un control de temperatura que parece obsesivo, pero es que solo así se consigue ese aroma que te vuela la cabeza. Es un vino honesto, directo y sin artificios, que demuestra que para ser el mejor no hace falta disfrazarse de nada.
¿Qué vas a notar?
Una nariz que es un espectáculo: notas de manzana, pera y un fondo floral que te refresca antes de beber. En boca es equilibrado, persistente y con ese punto de acidez que te hace salivar y buscar el siguiente trago como si fuera el último.
Por qué elegirlo:
Porque es el valor seguro. Si tienes una comida y no quieres fallar, este vino es tu seguro de vida. Es elegante, gusta a todo el mundo y tiene la clase de los grandes blancos gallegos.
Aviso para los que se conforman:
Si estás acostumbrado a los blancos de batalla que sirven en jarra de barro, esto te va a parecer de otro planeta. Es un vino para disfrutar, no para tragar. Aviso: eleva el listón demasiado alto.
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