Este vino tiene una historia de esas que parecen de ciencia ficción. En 1988, un viticultor riojano descubrió que en una de sus cepas de Tempranillo tinto habían nacido, por puro capricho de la naturaleza, racimos de color amarillo. Una mutación natural que dio origen al Tempranillo Blanco. Oscar Tobía, que tiene ojo para lo extraordinario, decidió que esa uva merecía un trono.
Para este Selección de Autor, Oscar mezcla esa rareza local con la Chardonnay, la reina de los blancos internacionales. Pero lo que realmente marca la diferencia es su paso por el fuego: se fermenta en barricas nuevas de roble francés y americano, donde descansa 6 meses con sus lías. Aquí la madera no es un adorno, es parte de su arquitectura, dándole una estructura y una cremosidad que te hacen olvidar que estás bebiendo un blanco.
¿Qué vas a notar?
Nada más acercar la nariz vas a sentir un festival: fruta tropical (piña, maracuyá) mezclada con los toques elegantes del roble: vainilla, coco y un fondo de panadería recién hecha. En boca es untuoso, envolvente y con una acidez tan bien puesta que el vino corre por la lengua con una agilidad sorprendente. Es un vino complejo, maduro y muy sabroso.
Por qué elegirlo:
Porque es un vino polivalente que aguanta el tipo donde otros blancos se rinden. Es el compañero perfecto para platos con sustancia: desde un bacalao al pil-pil hasta carnes blancas o un buen arroz. Es la elección de quien busca exclusividad y un sabor que se sale de lo común sin perder el equilibrio.
Aviso a los que se creen que el blanco es agua:
Este vino tiene carácter, cuerpo y 13,5 grados que piden respeto. No cometas el pecado de servirlo helado o matarás todos los matices que Oscar ha tardado meses en pulir. Dale un poco de tregua al frío y verás cómo explota. Aviso: es un vino que impone, así que elige bien con quién lo compartes.
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