Hay dos formas de beber Rioja.
La primera es comprar la botella que tiene la etiqueta más dorada en el supermercado y conformarte con un sabor a astilla que te deja la boca seca.
La segunda es probar lo que Víctor y Pablo se han traído de Tobelos.
Este Crianza no se fabrica en una línea de montaje kilométrica. Se hace en una bodega que mira al Ebro, donde se respeta la uva por encima del marketing. Ha pasado 13 meses en barricas (francesa, americana y húngara), pero no para tapar el sabor, sino para darle esa complejidad que te hace dar un segundo trago sin pensarlo.
¿A qué sabe?
Sabe a lo que debería saber un buen vino: a fruta roja madura, a un toque de especias y a un trabajo bien hecho. No necesitas ser sumiller para notar que esto juega en otra liga.
Es el vino que pones en la mesa cuando quieres que ese amigo que «entiende de vinos» te pregunte de dónde narices lo has sacado.
Un aviso: No es un vino de producción infinita. Si ves que hay stock, cómpralo ahora. Si esperas a mañana y la ficha está vacía, no nos escribas pidiendo milagros. Aquí el vino vuela porque es bueno, no porque salgamos en la tele.
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