Mucha gente compra un «Crianza» simplemente porque es la opción intermedia del catálogo. Es un error.
En Vega de Yuso, Rubén Iglesias no entiende de opciones intermedias. O el vino es excelente, o no se embotella.
El Tresmatas Crianza es la prueba de ello. Es un monovarietal de Tempranillo que viene de viñedos de entre 25 y 35 años. A esa edad, la vid ya se ha dejado de tonterías y ofrece una concentración de sabor que las viñas jóvenes ni sueñan con alcanzar.
¿Por qué es diferente a los demás?
Pasa 18 meses en barrica (un 75% francés y un 25% americano). Pero aquí está el truco: Rubén no usa la madera para tapar defectos. La usa para pulir un vino que ya es potente de por sí.
Lo que vas a sentir:
Es un vino limpio. De color rojo cereza intenso. En nariz te vienen las frutas negras maduras y esos toques de regaliz y especias que te confirman que estás ante un Ribera de pura cepa. En boca es donde da el do de pecho: tiene cuerpo, tiene estructura, pero es tan redondo que baja sin que te des cuenta.
Es el vino que Víctor y Pablo siempre recomiendan cuando alguien quiere quedar bien en una comida sin necesidad de gastarse lo que cuesta un Reserva. Es el equilibrio perfecto entre la fuerza del Duero y la elegancia de una bodega artesana.
Un aviso honesto:
Este es, probablemente, nuestro vino más vendido. Y como Rubén solo trabaja con lo que le da la tierra (nada de fabricar vino de probeta para cubrir demanda), el stock suele durar menos que un caramelo a la puerta de un colegio. Si lo ves disponible, mi consejo es que no te lo pienses mucho.
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