Antes de que inventaran la electricidad, en la Ribera del Duero se las apañaban con lo que tenían: nieve. Cavaban pozos profundos para guardarla y aguantar el tipo en verano.
De ahí viene el nombre de este vino de Rubén Iglesias. No es una frase bonita para la etiqueta, es una declaración de intenciones: hacer un vino que conserve la frescura de la uva como si estuviera guardada bajo nieve.
¿Qué lo hace especial?
Viene de viñedos seleccionados que saben lo que es el frío de verdad. Pasa 12 meses en barrica, el tiempo justo para que el roble le dé estructura, pero sin que se coma la fruta. Es un equilibrio difícil de conseguir: tiene la seriedad de un Crianza pero con una agilidad en boca que te sorprende.
Lo que vas a notar:
Es un vino de color rojo picota, muy limpio. Al olerlo, te vienen las frutas rojas y un toque de vainilla y regaliz muy sutil. En boca es donde ocurre el milagro: entra con potencia pero fluye con una frescura que te limpia el paladar. Es persistente, sí, pero no te deja la boca seca como un zapato.
Víctor y Pablo lo trajeron a Vinocalidad porque es el vino perfecto para el que quiere un Ribera de pura cepa que se beba con alegría.
Un aviso para navegantes:
Este vino no se fabrica por millones. Sigue la filosofía de Vega de Yuso: calidad extrema en partidas cortas. Si entras en la web y ves que hay stock, aprovecha. Es de esos vinos que cuando se prueban en una cena, los invitados preguntan de dónde ha salido. Y como bien sabes, lo bueno y escaso no espera a los indecisos.
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