Oscar Tobía tiene una obsesión: elevar el rosado a la categoría de vino serio. Tobía Luz de Luna es el resultado de esa cabezonería. Se elabora principalmente con Garnacha de viñedos viejos (más de 35 años) situados en altitud, donde el aire fresco mantiene la uva vibrante. Se complementa con un toque de Graciano que le aporta ese nervio y esa acidez que lo hacen inolvidable.
Lo que lo hace especial es el proceso: aquí no hay prensados agresivos. Se utiliza el método del sangrado, obteniendo solo el «mosto lágrima» (el más puro y delicado) que fluye por gravedad. Además, descansa dos meses sobre sus lías, lo que le da un cuerpo y una redondez que no vas a encontrar en los rosados de batalla. Es un vino con alma atlántica, complejo, elegante y profundamente honesto.
¿Qué vas a notar?
Una nariz que es un festival: desde flores blancas y rosas hasta un toque de fresa silvestre y frambuesa, terminando con notas críticas de mandarina y pomelo. En boca es una seda; empieza dulce y amable para luego estallar en una frescura eléctrica que te deja el paladar limpio y perfumado. Es un rosado con volumen, de esos que llenan la boca.
Por qué elegirlo:
Porque es el rosado ideal para los que buscan sofisticación. Es el compañero perfecto para una cena de sushi, arroces marineros o incluso una pasta bien elaborada. Si quieres sorprender a alguien que dice que «no es muy de rosados», ponle una copa de Luz de Luna y espera a ver cómo cambia de opinión. Es lujo asequible.
Aviso para navegantes:
No lo bebas a temperatura de congelador o te cargarás todo el trabajo de Oscar. Dale un poco de tregua (unos 10-12ºC) para que la nariz explote de verdad. Aviso: su color es tan atractivo y su trago tan fluido que la botella suele terminarse antes de que te des cuenta de que ya no queda luz de luna.
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