Hay vinos que se diseñan en un despacho y vinos que nacen de una obsesión. Este Reserva es de los segundos.
Verónica Salgado se guardó lo mejor de sus viñedos más antiguos en Pesquera de Duero para crear su «Capricho» definitivo. No es uno de esos Reservas que inundan las estanterías de los centros comerciales con etiquetas doradas y sabor a madera vieja.
Es un vino que ha esperado dos años en barrica de roble francés para que tú no tengas que esperar nada al descorcharlo.
Lo que vas a encontrar:
Es un vino serio. De esos que tienen un color tan intenso que parece que te están mirando. Huele a fruta negra muy madura, a cacao y a esos toques minerales que solo tienen las viñas que llevan ocho décadas hincando la raíz en la tierra caliza.
En boca es donde se nota la diferencia entre el marketing y la viticultura de verdad. Tiene una estructura imponente, pero los taninos están tan bien pulidos que parece que te acarician el paladar. Es largo, complejo y evoluciona en la copa cada minuto que pasa.
Un aviso de los nuestros:
Este vino es la joya de la corona de la bodega. Se hace en cantidades tan pequeñas que casi nos da reparo venderlo. Es para esos momentos en los que quieres algo especial de verdad o para dejar mudo al típico que presume de saber de vinos pero solo bebe etiquetas famosas.
Si buscas un vino con alma de Pesquera que haya sido mimado hasta la última gota, aquí lo tienes. Pero recuerda: cuando las viñas de 80 años dicen «basta», no hay más hasta la siguiente cosecha.
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