Hay vinos que se hacen para venderse por millones y vinos que se hacen para demostrar de lo que es capaz una tierra.
El Verónica Salgado Crianza Capricho pertenece al segundo grupo.
Se llama «Capricho» porque Verónica decidió que este vino no iba a seguir las modas. No buscaba un vino que gustara a todo el mundo, buscaba un vino que la representara a ella. Para conseguirlo, se fue a las parcelas más viejas de la familia, con cepas que llevan más de seis décadas hincando la raíz en el suelo calizo de Pesquera de Duero.
¿Qué lo hace tan especial?
A diferencia de otros Crianzas que se pierden en la madera, aquí los 14 meses en roble francés nuevo son el envoltorio de lujo para una uva espectacular. Es un vino con una estructura que impresiona, pero que se siente en la boca como la seda. Es el equilibrio perfecto entre la fuerza de la Ribera y la sensibilidad de una autora que mima cada botella.
Lo que vas a sentir al probarlo:
Es un vino de «capas». Primero te llega la fruta negra muy madura, casi mermelada. Luego aparecen los tostados, el chocolate y un toque mineral que solo dan las viñas viejas. Es largo, persistente y te deja esa sensación de estar bebiendo algo que no está al alcance de cualquiera.
Víctor y Pablo lo tienen en Vinocalidad porque saben que sus clientes de la Costa del Sol no buscan «un vino más». Buscan ese detalle que marque la diferencia en una cena o ese regalo que deje claro que sabes lo que compras.
Un aviso necesario:
Un capricho, por definición, es algo limitado. Las cepas de 60 años no fabrican uva a demanda. Tenemos muy pocas botellas de este Crianza de autor y, una vez que el «capricho» se agota, toca esperar a que la naturaleza quiera repetir la jugada. Si lo ves en stock, mi consejo es que no lo dejes pasar.
No hay valoraciones aún.